domingo, 1 de febrero de 2015

Esta película ya la hemos visto

Novak Djockovic sigue siendo el rey. El de Belgrado consiguió su 5º título en Australia y su 8º Grand Slam, igualando a leyendas de la talla de Ivan Lendl o Andre Agassi. Nole ha vuelto a demostrar que está un paso por encima del resto. Sin embargo, Andy Murray, que parece otro jugador distinto al de la pasada temporada, no le puso las cosas nada fáciles al Serbio, sobre todo en los dos primeros sets.

Estos dos primeros sets fueron una oda al tenis, de más de una hora de duración cada uno y resueltos ambos en el tie break, ambos jugadores se vaciaron en ellos para ofrecer al público uno de esos partidos que pasan a formar parte de la historia del deporte de la raqueta. El partido quedaba empatado a uno y ambos jugadores parecían acusar el cansancio provocado por dos mangas de una intensidad sobrehumana.


En el tercer parcial todo cambió. Djockovic se puso el traje de actor y como si de la última película de Spielberg se tratase, Novak comenzó su ritual de tropezones y gestos de cansancio, que tantas veces hemos visto. Daba la sensación de que Andy estaba aprovechando el "cansancio" de Djockovic adelantándose 2-0 en el tercer set. Y fue ahí donde empezó la pesadilla del escocés, Nole, tras otra de sus "recuperaciones milagrosas", recuperó el break y lo que viene a continuación es una película que ya hemos visto muchas veces, y cuyo argumento se resume en que de los 12 juegos siguientes, 11 fueron para el serbio, que cerró el partido con un 6-3 y un 6-0 respectivamente.


Demasiado castigo para un Andy, que cometió el error de verse envuelto por la telaraña de Nole. El escocés bajó su intensidad centrándose en los supuestos problemas físicos de Djockovic, olvidándose de su propio juego, que tan bien estaba desplegando. Novak, el gran estratega, supo aprovechar la situación y barrió a Murray de la pista.

Esta final nos deja un par de consecuencias dignas de reseñar. En primer lugar, el mundo del tenis está de enhorabuena por la vuelta del mejor Murray, aquel británico capaz de jugarle de tú a tú a cualquier jugador del circuito. Por otro lado, Djockovic acredita su condición de mejor jugador del mundo, dejando claro que arrebatarle el número 1 este año va a ser muy difícil.



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