El pasado domingo, a eso de la una y media bajé del tube (metro londinense) en la estación de Upton Park, camino al estadio conocido por el mismo nombre, aunque oficialmente llamado Boleyn Ground.
Más de dos horas antes del encuentro, que enfrentaría al West Ham United y al Manchester United, el ambiente en los alrededores del estadio era ya increíble, de esos de día partido grande. Miles de Hammers, padres e hijos, abarrotaban los puestos de hamburguesas, dónde es típico comer antes del partido.

Tras dar una vuelta por los alrededores y sacar algunas fotos, entré media hora antes del partido, bufanda al cuello y con la ilusión de un niño con zapatos nuevos. Me sorprendió lo lleno que estaba el campo ya a esa hora.
Lo que vino después fue algo difícil de expresar con palabras. Cuando los jugadores salían del túnel de vestuarios, en la megafonía comenzaban a sonar los primeros acordes del famoso "Forever Blowing Bubbles", mientras las 35.000 almas que abarrotábamos Upton Park nos poníamos en pie para cantar el mítico himno de los Hammers. Tras ese momento supe que, pasará lo que pasará en el partido, las 65 libras de la entrada estaban amortizadas.
El partido en sí no pasará a la historia de la Premier, pero aún así fue un buen encuentro en el que, como es típico en el fútbol ingles, las interrupciones fueron mínimas y el West Ham jugó de tú a tú al equipo dirigido por Van Gaal, en principio favorito.

En la primera mitad el equipo local fue superior y solo una brillante actuación de De Gea (otra más) permitió que nos fueramos sin goles al descanso. Sin embargo, nada más arrancar el segundo tiempo, el West Ham se adelantaba con un auténtico golazo del mediocentro senegalés Kouyaté. A partir del gol, el West Ham, aunque teniendo alguna que otra ocasión para sentenciar el partido, se echó atrás y el Manchester, con más orgullo que fútbol comenzó un asedio sobre la portería local, defendida por el guardameta español Adrián. Cuando parecía que los locales se llevarían los tres puntos, el lateral holandés Daley Blind cazaba un rechace en el área y empataba el partido en el minuto 92.
A pesar de que la victoria se había escapado en el último momento, salí con la sensación de haber cumplido un sueño y llevando al West Ham en el corazón para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario